QUÉ ES EL COACHING

Orígenes y corrientes del coaching

De dónde proviene

Aunque pueda parecer una disciplina reciente, el coaching tiene raíces mucho más antiguas. La primera la encontramos en la filosofía griega, con Sócrates y su método de la mayéutica: hacer preguntas para que cada persona pudiera descubrir por sí misma sus respuestas.

Siglos después, en las universidades inglesas del siglo XIX, la palabra coach empezó a usarse para describir a quienes acompañaban al alumnado en su preparación para los exámenes. El término procede del húngaro kocsi, que significa carruaje. Igual que un carruaje transporta a alguien de un lugar a otro, el coaching acompaña en un viaje: desde la situación actual hasta el lugar al que se desea llegar.

En los años setenta, el coaching da un giro con el libro The Inner Game of Tennis, de Timothy Gallwey, que mostró que el mayor rival no está fuera, sino dentro: creencias, miedos y bloqueos. A partir de ahí, en los años ochenta y noventa, autores como Sir John Whitmore trasladaron estas ideas al mundo de la empresa y el liderazgo, creando modelos como el GROW, todavía vigentes tanto en coaching personal como en coaching ejecutivo.

El paso definitivo hacia la profesionalización llegó en 1995, con la fundación de la ICF (International Coaching Federation), que estableció competencias y un código ético reconocidos en todo el mundo. En España, el coaching se consolidó con la creación de ASESCO en 2001, la primera asociación nacional.

Hoy, el coaching reúne toda esta herencia: filosofía, deporte, liderazgo y psicología humanista. Es una disciplina que ha viajado del pensamiento clásico a las organizaciones modernas, y que sigue evolucionando para acompañar procesos de cambio en personas, equipos y entornos profesionales.

Corrientes del coaching

El coaching no es una disciplina única, sino que a lo largo de su evolución se ha desarrollado en diferentes corrientes, cada una con su propio acento.

En Estados Unidos, la corriente norteamericana nació ligada al deporte y al management. Se caracteriza por un estilo más directivo y orientado a resultados, con foco en la acción, el rendimiento y la productividad.

En Europa, especialmente a partir del trabajo de Sir John Whitmore, tomó fuerza una corriente más reflexiva y humanista. Aquí el énfasis está en la conciencia, la responsabilidad y la confianza, y en cómo la persona aprende desde su propia experiencia, sin que quien acompaña imponga respuestas.

En Latinoamérica, la llamada corriente ontológica introdujo una mirada distinta: entender al ser humano desde tres dimensiones inseparables —lenguaje, emociones y cuerpo—. Bajo esta perspectiva, transformar la forma en la que hablamos, sentimos o nos movemos abre nuevas posibilidades de acción.

Desde Oriente también llegaron aportaciones valiosas, como la idea de la presencia, la serenidad y la mejora continua (Kaizen), que se han integrado en muchos procesos de acompañamiento.

En medio de esta diversidad, mi camino es el Coaching en Estado Puro, modelo de la escuela EFIC. Este enfoque recoge lo mejor de cada corriente —la orientación a la acción de la americana, la conciencia de la europea, la profundidad de la ontológica y la presencia de la oriental—, pero mantiene lo esencial: la no directividad absoluta. En coaching en estado puro no se dan consejos ni se marca el camino, sino que se confía en que cada persona ya tiene dentro los recursos que necesita para avanzar.

Este enfoque está respaldado por la ICF (International Coaching Federation), la organización más importante a nivel mundial en esta disciplina, que establece competencias claras y un código ético. En la práctica, significa crear un espacio seguro y honesto donde la presencia, la escucha y la pregunta poderosa son los motores de cambio. Un coaching que no genera dependencia, sino que se vive como un proceso con un marco temporal definido, orientado a resultados reales y sostenibles.