Deja de perseguir «tu mejor versión» y empieza a ser simplemente tú
Hace unas semanas, una clienta me dijo algo que me hizo reflexionar: «Belén, estoy agotada de intentar ser mi mejor versión. Ya no sé ni cuál se supone que es».
Esta frase resume perfectamente uno de los problemas más grandes de nuestro tiempo: hemos convertido el crecimiento personal en una carrera hacia una versión idealizada de nosotras mismas que, en realidad, puede que ni siquiera sea nuestra.
La trampa de "la mejor versión"
Durante años, el mundo del desarrollo personal nos ha vendido la idea de que existe una versión mejorada de nosotras esperando ser descubierta. Una versión que se levanta a las 5 AM, medita, hace ejercicio, come saludable, es súper productiva, nunca se enfada y tiene todo bajo control.
¿Te suena familiar? Probablemente porque tú también has intentado ser esa persona alguna vez.
El problema es que esta «mejor versión» no eres tú. Es una construcción mental basada en lo que creemos que deberíamos ser, alimentada por vidas ajenas que hemos etiquetado como exitosas. Pero la mayoría de las veces no son nuestro modelo real: no conocemos los valores de esas personas ni cuál es su definición de éxito. Como por lo general no nos hemos tomado el tiempo de explorarlo en nosotras mismas, (hacernos las preguntas y mirar de frente la incomodidad de las respuestas) hemos adoptado automáticamente lo que a la mayoría le parece correcto.
¿Qué significa realmente "cambiar tu vida"?
Cambiar tu vida no es convertirte en alguien completamente diferente. Es, más bien, quitar todo lo que no es auténticamente tuyo para que puedas ser quien realmente eres.
Piénsalo así: imagina que tu vida actual es como llevar puesto un abrigo que no es tu talla. Puede que sea un abrigo precioso, incluso caro, pero simplemente no te sienta bien. Te limita los movimientos, te pica, y por más que intentes adaptarte a él, nunca te sientes del todo cómoda. Estás deseando llegar para poder quitártelo.
Cambiar tu vida es encontrar el abrigo con el que te sientes a gusto. No necesariamente el más llamativo (o sí) o el que todos admiran, pero te permite moverte con libertad y te hace sentir como en casa.
Los tres niveles del cambio auténtico
En mi experiencia acompañando procesos de transformación, he observado que el cambio real sucede en tres niveles progresivos:
Nivel 1: Identificar lo que no funciona
Antes de poder cambiar hacia algo, necesitas ser honesta sobre lo que no está funcionando en tu vida actual. Esto no significa castigarte o dramatizar, sino simplemente observar con curiosidad y tomar conciencia. Es el punto de partida, si fuese una hoja de ruta, ¿desde dónde estoy caminando?
¿Qué partes de tu día a día te drenan energía? ¿En qué momentos sientes que estás interpretando un papel que no es tuyo? ¿Qué decisiones tomas desde el «debería» o “tengo”, en lugar de desde el «quiero» o “decido”?
Una de mis coachees (personas a las que acompaño en coaching) se dio cuenta de que llevaba años eligiendo trabajos por el prestigio o la posición que le daban, pero no porque realmente disfrutara haciéndolos. Otro descubrió que su constante necesidad de estar ocupado era en realidad una forma de evitar estar a solas consigo mismo.
Nivel 2: Conectar con lo que sí te pertenece
Una vez que identificas lo que no es tuyo, puedes empezar a explorar lo que sí lo es. Esto requiere parar, observarte y hacerte preguntas, además de mucha paciencia contigo misma, ya que a veces las respuestas tardarán en aflorar e incluso serán incómodas.
¿En qué momentos te sientes más viva? ¿Qué actividades haces que te hacen perder la noción del tiempo? ¿Cuáles son tus valores, no los que crees que deberías tener o los que son importantes para tu entorno, sino aquellos sin los cuales la existencia se te haría imposible?
Recuerdo a una líder que descubrió que, contra todo pronóstico, lo que más le llenaba de energía no era tomar grandes decisiones en un comité de dirección, sino acompañar a desarrollar el potencial individual de los profesionales de la organización. Su «mejor versión» no era la de directiva que pensaba que debía ser, sino la mentora que llevaba dentro, eso era lo que realmente hacía honrar sus valores.
Nivel 3: Integrar los cambios de forma sostenible
El tercer nivel es quizás el más desafiante: hacer que estos descubrimientos se traduzcan en cambios reales y duraderos en tu vida cotidiana.
Esto no significa revolucionar todo de la noche a la mañana. De hecho, los cambios más profundos suelen ser los más sutiles. A veces se trata de cambiar pequeñas decisiones diarias que, acumuladas, crean una vida completamente diferente. De instaurar nuevos hábitos que nos acerquen a esa vida que sí queremos e ir apagando aquellos que nos entretienen y ralentizan a llegar a ella. Como decía Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día, de modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”
Las señales de que estás en el camino correcto
¿Cómo sabes si estás avanzando hacia una versión más auténtica de ti misma en lugar de hacia una versión «mejorada» pero artificial? Hay algunas señales reveladoras:
Sientes más energía, no menos. Cuando estás alineada contigo misma, las cosas que haces te dan energía en lugar de agotarte. Incluso las tareas difíciles las sientes diferentes cuando las haces desde la elección y el quiero.
Las decisiones se vuelven más fáciles. Cuando identificas tus valores y por ende confías en tu criterio interno, decidir se vuelve más fluido. Puede que las decisiones no sean más simples, pero el proceso de tomarlas sí.
Dejas de compararte constantemente. Una de las cosas más liberadoras del crecimiento auténtico es que reduces automáticamente la necesidad de validación externa. No es que no te importe lo que piensen otros, sino que su opinión deja de ser el factor determinante de tus decisiones.
Te sientes más cómoda con tus imperfecciones. Paradójicamente, cuando dejas de perseguir la perfección, te vuelves más efectiva. Aceptas tus limitaciones como parte de tu humanidad y encuentras formas creativas de trabajar con ellas en lugar de contra ellas. Como dice una amiga mía, “no es tanto encontrar el lado positivo sino la belleza en todo.”
¿Por dónde empezar realmente?
Si todo esto te resuena pero no sabes por dónde empezar, te propongo un ejercicio simple pero poderoso:
La auditoría de energía semanal. Durante una semana, anota cada noche tres cosas: una actividad que te dio energía ese día, una que te la quitó, y un momento en el que te sentiste completamente tú misma, alineada, plena.
No busques patrones inmediatamente. Solo observa y anota. Al final de la semana, revisa tus notas. Probablemente encontrarás pistas muy claras sobre qué aspectos de tu vida están alineados contigo y cuáles no.
El cambio como proceso, no como destino
Aquí está la verdad que nadie te dice sobre cambiar tu vida: no es algo que haces una vez y ya está. Es un proceso continuo de ajuste, observación y recalibración. Es una manera de vivirla.
Tu versión auténtica no es una meta fija que alcanzar, sino una forma de navegar la vida. Es una brújula interna que te ayuda a tomar decisiones más alineadas, a construir relaciones más genuinas y a crear una vida que realmente te pertenezca.
La belleza de lo imperfecto y auténtico
Permíteme compartir algo que he aprendido después de años acompañando procesos de cambio: las vidas más satisfactorias no son las más perfectas, sino las más auténticas. También habría que preguntarse, ¿qué es la perfección para ti?
He visto a personas dejar trabajos prestigiosos para dedicarse a algo que les apasiona y ganar menos dinero pero vivir más plenos y conectados con su propósito. He visto a madres que dejaron de intentar ser la versión perfecta y que al reconectar con su verdad, se convirtieron en la madre que realmente sus hijos necesitaban. He visto a líderes que dejaron de seguir manuales de liderazgo y confiaron en hacerlo desde su propia naturaleza, logrando resultados extraordinarios.
Tu invitación al cambio auténtico
Cambiar tu vida no se trata de añadir más cosas a tu lista de «tengo que». Se trata de quitar lo que no es tuyo para hacer espacio a lo que sí lo es.
No necesitas convertirte en alguien diferente. Necesitas recordar quién ya eres, apartando las capas de expectativas, miedos y «deberías» que has ido acumulando a lo largo de los años.
Tu mejor versión no está en el futuro esperando a ser descubierta. Está ya en ti, esperando a ser liberada.
Y eso, curiosamente, puede ser el cambio más radical de todos.
Si te reconoces en esta sensación de haberte perdido y sientes que es momento de reconectarte contigo misma, hablemos. En una conversación inicial gratuita te cuento cómo acompaño estos procesos y, tras conocer tu situación, diseñamos juntas el camino más adecuado para ti.
Primera sesión gratuita
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